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¡Chopiiii!
Creo que era el curso 80-81. Fue un año helador, bastante más frío que este, y yo estaba destinado en Sigüenza, ciudad que, a más de medieval, comparte con otras ciudades castellanas la característica, como reza el tópico que me dijeron al llegar, de tener sólo dos estaciones: el invierno y la del ferrocarril.
En ese invierno semipolar, las clases, presididas por un gran taller con techo de uralita y lleno de tornos y obsoletas taladradoras verdes, grises y azules, nos calentábamos con cuanto objeto de madera —a veces sillas o pupitres viejos— alimentaba el fuego de un barril vacío de petróleo. Sus llamas formaban juegos de luces en las cristaleras, iluminando y oscureciendo un cerro gris en el que aparecían en el otoño, como un milagro, las setas de cardo.
Todas las mañanas tenía lugar el siguiente ritual: de Palazuelos, un pueblo cercano —bien bonito, por cierto— llegaba El Chopi, a la sazón portero de fútbol, agricultor y, en la actualidad, albañil. Diez minutos después, siempre con algo de retraso, en una motocicleta imposible, congelado por el viaje, bajaba desde Guijosa —otro hermoso pueblo con castillo casi derruido— un alumno, cuya respiración y absorción de velas eran los únicos indicios, una vez en tierra firme, de que seguía vivo. Entonces El Chopi le arreaba un cariñoso manotazo en el cuello que unía a este invariable saludo: “¿Qué pasa Picholín?” Miraba Picholo de lado, esbozaba como podía una sonrisa y, también invariablemente, respondía: “¡Chopiiii!”
Me costó lo suyo convencer al Chopi para que escribiera algo creado por él (con El Picholo nunca lo conseguí). Pero un día apareció con una hoja llena de tachaduras, de difícil caligrafía, peor ortografía y lamentable estado. Decía así:
LA NOCHE
Cuando el sol se esconde, lentamente,
por detrás de la vieja montaña,
un lápiz negro se ciñe sobre el amplio cielo.La gente se retira, las farolas alumbran,
algunos pasean bajo las estrellas,
todo queda en silencio,
solo se oye el murmurar de la fuente
o el ladrido de algún perro.Tan solo la luna alumbra la luna
sobre el ancho río.La quiero coger, creo;
es una piedra que brilla sin cesar,
pero ella no se deja,
se esconde y sale,
como si jugase con las nubes.En la noche clara por el resplandor de la luna
me limito a contemplar el universo,
el brillar de las estrellas,
su movimiento,
hasta que la inmensa estrella salga por el alto monte,
para alumbrar más .
y quitarme el negro manto que ciño.
Conseguimos publicarla en un periódico local para sorpresa e incredulidad del portero del “Palazuelos”. Pese al tractor, al yeso y al cemento, nunca ha dejado de escribir.
José Suárez Inclán
Archivado en Se permite cantar
Comentarios
9 Comentarios
Doña Díriga dice:
16 de de 2010 a las 12:16:18
En Londres suena Lorca y suena la poesía y la canción que pone letra a la poesía...para niñ@s que aprenden español y en español
http://donadiriga.blogspot.com/2010/06/teo-san-jose-y-la-donacion-de-la.htmljosé suárez-inclán dice:
12 de de 2010 a las 13:10:03
Soros, fue algo más sorprendente que trabajoso. Lo que está claro -lo he visto con los años, pero entoces ya lo intuí en su mirada, una mirada húmeda, lejana, con mundo propio- es que le pudo la potencia de "la belleza que emerge de la nada, la observación de lo nimio, la serenidad... y otras muchas aves del género de las asustadizas". Si puedes pásate un día por su pueblo y por las tierras que lo rodean. Salud
josé suárez-inclán dice:
12 de de 2010 a las 13:02:52
Lan, reconozco que estoy sorprendido (muy favorablemente: esperanzado). Y van dos veces. Espero que dejes abierto el vientre de ese boli. Ahí, por las luces perdidas. Ahora quiero empezar a dar una vuelta por algunos poetas consagrados. Que hablan de amor y muerte. Y hablar con y para adolescentes (no solo). Y con y para sus profesores (no solo). Si las luces no nos llevan por otro lado. Salud
Soros dice:
08 de de 2010 a las 23:50:22
Probablemente conseguir que el Chopi escribiera fue algo sorprendente y también trabajoso. Pero, seguro también, que encontró algo que hasta entonces no tuvo. Quizás descubriera nuevas compañías de esas que no te vuelven la espalda. Y seguro que se aficionó a ellas y, con el tiempo, se le hicieron necesarias. Cosas como las expresiones sorprendentes, la belleza que emerge de la nada, la observación de lo nimio, la serenidad... y otras muchas aves del género de las asustadizas. Tampoco yo habría olvidado al Chopi. Enhorabuena.
Lan dice:
08 de de 2010 a las 19:19:33
Algunas veces, desde el vientre de un modesto boli o desde el hollín de un lapicero, pueden darse a luz ideas impensadas, como impensados somos todos cuando concebidos o al salir del vientre de una mujer en el lugar menos previsto. Que alumbremos nosotros a nuestra vez, puede que tenga que ver con que alguien nos convenza de que la luz anda perdida entre tinieblas y, en esas labores, algunos tenéis especial un especial sentido y también una lograda habilidad.
moderacion_leer.es dice:
03 de de 2010 a las 13:42:27
Anaé: a la función clorofílica, los sintagmas nominales o los ángulos yuxtapuestos que les den morcilla. Y al leísmo-laísmo y loísmo también. Pero, sobre todo, a la simplificación de polinomios. Yo, que creo firmemente en el infierno (porque lo he visto) te diré lo que hay en él: un señor con una bata que te ofrece una tiza ante una pizarra en la que hay un polinomio interminable, y te dice: ¡Simplifíquelo!
moderacion_leer.es dice:
03 de de 2010 a las 13:36:48
Pilar, muchas gracias a ti. Y, sobre todo, al Chopi. A quien dejé de ver hace muchos años. Seguriremos en esto
Anaé dice:
02 de de 2010 a las 18:43:27
¡Increíble! A veces merece la pena un año entero de frustración cuando de repente te encuentras con una perla así.
Lástima que la función clorofílica, los sintagmas nominales o los ángulos yuxtapuestos nos amarguen la vida.Pilar dice:
28 de de 2010 a las 00:02:18
¡Qué texto tan hermoso, José! No se si me ha emocionado más el poema de El Chopi o tu relato. Muchas gracias. Muchas, muchas gracias.
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