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A pesar de la primavera
Hoy entramos en la estación siempre bien recibida, y posiblemente la más prestigiada en el universo poético.
Cerraremos hoy la serie de posts dedicados a la primavera en la poesía con dos poemas en los que la primavera es el escenario de la tristeza, de la soledad, del dolor. Ante este alegre telón de fondo, el horror tiene más relieve, reclama nuestra atención, nos inquieta más.
Uno de los poemas, el romance del prisionero, nunca deja de desazonarnos, por más veces que lo leamos y lo recitemos, por ese contraste entre el campo florecido, escenario del encuentro de los amantes, y la negra soledad de la mazmorra.
El otro, de Rafael Alberti, puede servirnos para no olvidar, en este día que reclama nuestro disposición al júbilo, la violencia contra los débiles y los crímenes de los poderosos.
Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
dele Dios mal galardón.
Verdezca siempre la alegría
con el sol de primavera.
Motivos hay para estar triste
a pesar de la primavera.
La sangre corre por el mundo
y ha llegado la primavera.
En libertad anda la muerte
a pesar de la primavera.
¿En dónde la verde alegría
si un mal viento la torna negra?
¿Será la muerte necesaria
para implantar la primavera?
Rafael Alberti
(La imagen, con el título de “Primavera en Siria”, procede de http://www.flickr.com/photos/40279823@N00/3405016404 )
Archivado en Educación literaria
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