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Jueves, Febrero 11th, 2010 at 2:07 pm
Publicado por: moderacion_leer.es

Se permite cantar, bailar y llorar.

Inauguramos con esta entrada una sección dedicada ala lectura de la poesía, a enseñar a leerla y a aprender a gozar de ella. De todo ello tratará a partir de hoy José Suárez-Inclán, profesor de lengua y de literatura

La poesía nos da un poco de miedo. A todos: a los profesores, a los alumnos, a los lectores en general; de cualquier condición y de cualquier edad. Y esto es un tanto incongruente porque desde niños, cuando aún no sabíamos lo que había en los libros —aquellos rectángulos extraños que se deshojaban— nos gustaba que nos cantaran canciones. Y que nos contaran cuentos. Unas eran puros poemas, otros llevaban distintas cargas de poesía. Claro que entonces nosotros éramos poetas, vivíamos en cierto cosmos poético, subjetivo, alejado aún de la normativa de sentimientos, pensamientos y deseos que la vida en sociedad había de imponernos. No sabíamos aún de las dificultades de ser libres. Seguramente es eso lo que nos atemoriza de la poesía: su libertad. El recuerdo escondido del mundo cantado, la osadía de sus palabras, su lenguaje niño, al que hemos vuelto la espalda con la disculpa de que es incomprensible. ¿Son comprensibles la risa, el amor, el dolor, el tiempo, la alegría, la tierra, la muerte…? Sí y no, como la palabra poética: están siempre presentes y siempre están escapándose. Sin embargo, tememos adentrarnos en el lenguaje lírico: absurdo, nada hay más gustoso y más humano que cantar, nada tiene mayor atractivo que cantar palabras. En medio mundo se llenan los teatros para oír recitales de poesía (desde luego en toda Latinoamérica). Y leer poesía es volver a la música, a la música del universo —como decía Borges— y a la música de nuestro universo. Para todo lector. También para los alumnos (si se hace bien, que no es difícil). Es una música muy agradecida porque es muy emocionante. Y muy corta. Un poema se lee entero en un periodo más que razonable. Y puede continuar resonando, hablando, por un tiempo muy largo; a veces, toda una vida. Pero ¿cómo no nos va a costar adentrarnos por estos cauces si, ya cuando yo era chico, se veía en los bares un cartel que ponía: “Se prohíbe cantar y bailar” ? Pues hoy los carteles han desaparecido: ya no hacen falta porque ya nadie canta. Hagámoslo nosotros. Volvamos a colgar los carteles: “SE PERMITE CANTAR Y BAILAR”. Y hasta llorar.
Mi intención es retomar viejos — a veces olvidados— placeres: volver a abrirnos a la hermosura de la poesía y a comprenderla mejor. Charlar con adolescentes, con sus profesores, o con cualquiera que decida internarse por los variopintos caminos de la lectura poética. Sin rigores académicos, rigideces metodológicas ni programas a seguir. Sin miedos, con alegría. Tomaré un camino de los muchos que surcan esta esfera: parte del amor y de la muerte, que es tema humano y poético esencial, y recorre en trazos rápidos, entresacando poemas, el largo trecho que va desde Homero a Valente, de Salomón a Evtuchenko, de las jarchas a los poetas que nacieron en estas tierras hace apenas medio siglo. En ocasiones iremos del brazo de otras artes plásticas.
Me presentaré: Me llamo José Suárez-Inclán, soy —obviamente— profesor de Literatura, y pretendo compartir y enriquecer una experiencia que hace ya años he puesto en práctica en las aulas y que en ocasiones ha rebasado la labor docente. Ojalá lo siga haciendo.

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Comentarios

4 Comentarios

  • Doña Díriga dice:

    05 de de 2010 a las 00:22:38

    La poesía comienza en la edad temprana, con la nana. Sigue con la rima fácil, la del cuerpo a cuerpo...pon, pon, niñito pón, dinerito en el bolsón...
    Y sigue en nuestra aulas de Londres enseñando los poemas de poetas españoles ...en lugares no pensados por los que los escribieron pero son poemas contados, cantados, vestidos, mimados, pintados, dormidos...soñados
    Estamos en nuestro proyecto de envueltos en palabras, tras la nube volcánica.
    García Lorca y su mariposa del aire suena en Portobello.Le seguirán mas poetas.

  • Lisístrata dice:

    26 de de 2010 a las 22:17:14

    Siempre ten presente que:
    La piel se arruga, el pelo se vuelve blanco,
    los días se convierten en años.
    Pero lo importante no cambia, tu fuerza y tu
    convicción no tienen edad.
    Tu espíritu es el plumero de cualquier tela de araña,
    detrás de cada línea de llegada, hay una de partida;
    detrás de cada logro, hay otro desafío.
    Mientras estés vivo, siéntete vivo; si extrañas lo
    que hacías, vuelve a hacerlo.
    No vivas de fotos amarillas, sigue aunque todos
    esperen que abandones.
    No dejes que se oxide el hierro que hay en ti.
    Haz que en vez de lástima, te tengan respeto.
    Cuando por los años no puedas correr, trota;
    cuando no puedas trotar, camina; cuando no puedas
    caminar, usa el bastón. Pero nunca te detengas.

  • José Suárez-Inclán dice:

    23 de de 2010 a las 09:46:43

    Lan, el poema que publicas en tu comentario -sin rimas ni medidas, "con su fuerza de caña"- pone el dedo en la llaga de algo que hablaba hace poco con un escritor gitano y que se atreve en un libro (de pronta publicación) a plantear como la esencia del gitano: la libertad que solo acepta las leyes de la naturaleza. Naturalmente, también es un poeta. Esta semana sacaré un poema de un alumno mío que era portero de fútbol, agricultor y luego albañil. Va de lo mismo. Salud

  • Lan dice:

    19 de de 2010 a las 20:35:11

    El orden existe, como existen los viejos, pero no le queda otra que convivir con lo que surge, como a ellos. El hombre pone el orden, la naturaleza lo demás. Cayeron en la tentación de ordenar. Pero todos no, faltaron los poetas. Esos ridículos desertores de la especie, retadores de la muerte, ácratas veleidosos, inconscientes, capaces de enfrentarse, con su fuerza de caña, al toro salvaje del destino, esos vocacionales del aquí y el ahora, sacerdotes de una religión universal sin dioses ni creencias, amigos de descubrir lo que hay detrás del amor, del miedo y de la muerte. Iconoclastas.
    Siempre he tenido admiración por los poetas pero, llevas razón, atreverse con la poesía, da miedo en muchos sentidos.
    Un saludo.

 

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